domingo, mayo 13, 2007

VEGA DE ARIO

Mucho sol y un tremendo vendaval. Eso es lo que nos encontramos esta mañana. La temperatura era suave y agradable, pero no cabía duda que unos cuantos metros más arriba el aire sería más fresco y mucho más intenso. Y así sucedió.

Así de exultante nos recibía el Ercina esta mañana.

Dejamos el coche en el aparcamiento del lago Ercina y comenzamos a caminar hacia Vega de Ario. Bordeamos el lago y pasamos por las cabañas de La Veguina y El Brazu en dirección al Cuenye Las Bobias. Al poco atravesamos las majadas de Las Bobias y La Rondiella, que ya están llenas de sus habitantes estivales (es decir, vacas) dando buena cuenta de sus pastos.

Las Bobias


El viento era cada vez más intenso y resultaba realmente incómodo ya que soplaba de cara (del Sur). Tras cruzar un pequeño jaedo y descender al valle Cabrital, comenzamos a remontar el primer repecho que nos hace ganar algo de altura. Las nubes se mueven a toda velocidad y comienzan a caer algunas gotas sobre nosotros. Aunque el día parece torcerse decidimos continuar. Y así, sin prisa pero sin pausa seguimos hasta el Jito de Ario. Allí ya podemos disfrutar de buenas vistas y, sorprendentemente, de una breve nevada de a penas 2 minutos. Vamos, auténtico tiempo primaveral...


Cuvicente, Peña Blanca, La Robliza...

Desde el Jito ya solamente nos queda acercarnos al refugio y a la majada. Esta última a penas conserva un par de cabañas en pie; las demás muestran sus muros arruinados. Aquí pasaban los meses estivales hasta 12 ó 15 familias completas, algunas de ellas de Caín. Hoy son sólo recuerdos de tiempos pasados y muy duros.

Refugio del Marqués de Villaviciosa

Y, para el final dejo lo mejor. Posiblemente unas de las vistas más impresionantes de los Urrieles. Este es el telón de fondo que tenemos en Ario.


Los Urrieles encapotados


Se hizo la luz...

Torrecerredo, Cabrones, vertiginosas canales que se precipitan al Cares... todo un mundo de verticalidad en estado puro que, aunque hoy son objeto de actividades deportivas, hasta hace no mucho tiempo eran el escenario en el que se desarrollaba la vida de los vecinos de Bulnes, Caín, Camarmeña, Tielve, Sotres, etc... Sus caminos imposibles, sus majadas de verano, sus cuevas o los "parés" son elementos que conformaban su día a día, su quehacer cotidiano y que dotan de de contenido humano estos paisajes. Un contenido que, aunque muchos quieran borrar desde sus despachos bajo un malentendido conservacionismo, siempre estará en "la peña".

domingo, mayo 06, 2007

FOZ DE LOS MOÑACOS

En vista de que mi sedentarismo ya empieza a ser realmente preocupante y que la mañana era casi veraniega, decidimos ir a dar un paseo. Si no recuerdo mal creo que que desde Febrero no ponía un pie "en lo verde", así que tenía que ser algo muy suave y que no nos dejase para el arrastre. Vamos, un paseito. En total unos 14 km. ida y vuelta y a penas 550 m. de desnivel.

El domingo pasado nos habíamos acercado en moto hasta Espinaredo y el hayedo estaba espectacular. Un intenso verde teñía todo el paisaje y quedamos en volver hoy. Y eso hicimos.

Dejamos el coche en la Pesanca (sorprendentemente no había nadie) y comenzamos a caminar por la amplia pista que, entre un frondoso hayedo, nos conduce a nuestro objetivo. El camino discurre paralelo al precioso río Infierno, lleno de saltos, pequeñas cascadas y apetecibles pozas. El pasiaje es espectacular, todo en silencio, un bosque rebosante de verdor y una temperatura ideal para caminar. A lo largo de la ruta cruzamos el río en varias ocasiones, eso sí, los puentes no son precisamente una joya etnográfica, son de hormigón y barandilla de hierro. Es precisamente en el puente de Corbera donde nos encontramos con el único cruce que puede generar dudas.

Nosotros seguimos por el ramal de la derecha, remontando en este caso el río Corbera. De haber elegido el otro ramal nos dirigiríamos hacia el Pico Maoñu (en la cabecera del río Infierno)


La subida es constante pero suave y tendida, de manera que no produce ningún cansancio. Tanto es así que no hacemos ninguna parada, nos limitamos a pasear tranquilamente y, en a penas dos horas, llegamos a la Foz. Unos doscientos metros antes del final, dos corzos cruzan el camino y el segundo de ellos se queda paralizado frente a nosotros. Al abrir la funda de la cámara de fotos se asusta por el ruido del velcro y sale disparado monte abajo. Otra vez será...
Parte de la ruta discurre por el Parque Natural de Redes ya en el concejo de Caso, de hecho, si continuásemos adelante, podríamos enlazar con los caminos que mueren en los pueblos de Nieves y Bueres.